domingo, 9 de septiembre de 2012

De la propiedad intelectual y otros cuentos…

Cuando nos sumergimos en este mundo cibernético, binario o digital, muchas veces se desdibuja este concepto… pero bueno, quizás exista una razón justificada para esto. Entonces se vuelve indispensable comprender que nos referimos a las formas de apropiación privada sobre bienes intangibles. Estas formas, están reguladas por ciertas normas, que por lo general conforman un abanico muy amplio de legislaciones.
La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), hace una división más puntual al respecto: “propiedad industrial” referido a las regulaciones de aplicaciones industriales y el “derecho de autor y conexos” inherentes a artistas, productoras y emisores de radio y televisión. La segunda de las clasificaciones “derecho de autor”, se aplica sobre la obra y regula el vínculo que existe con su creador. Para clarificar un poco más el concepto, veamos el siguiente MC.




Habiendo conocido un poco más sobre el tema, comparto mis respuestas a las siguientes preguntas: ¿Cuáles han sido los cambios fundamentales en la relación entre autor/editor con el advenimiento de Internet? ¿Creen que el modelo del derecho de autor tradicional está en crisis? ¿Por qué? 
Evidentemente la relación entre autor – editor se ve afectada, porque la circulación de las obras es mucho más sencilla utilizando Internet. La dependencia que existía en otras épocas entre uno y otro era totalmente necesaria, desde la inversión en la publicación, hasta la publicidad para dar a conocer los trabajos. Internet facilita estos procesos, ejemplo de esto son las innumerables obras que han sido forjadas a través de la red (podríamos citar “Más respeto que soy tu madre! de Hernán Casciari ).

Creo que el modelo actual de derecho de autor podría estar en crisis, dado que el conocimiento que no se comparte es como el agua estancada, o lo que llamamos un sistema cerrado, estos mismos por no tener intercambio con el entorno, tienden a desaparecer. De igual manera opino que la atribución del autor de la obra, de elegir la mejor manera de salvaguardarla, debe ser respeta aunque no estemos de acuerdo con ello.